Ellos se miraban. Se comunicaban con ese lenguaje de miradas, que nadie entendía. Se sonreían, como dos idiotas contando chistes.
Ella: ¿Recuerdas esas rolas que tanto nos gustaban?
Él: Sí, casi lo olvido.
Ella: ¡Cómo olvidarlo!
Él: Olvidarme de ellas sería como olvidarme de ti y eso jamás pasará.
Ella sonrió, con esa sonrisa que todo el mundo adoraba. Ella sacó de su mochila un disco y se lo entregó.
Ella: Mira. Ese lo escuchábamos juntos, después de cada tocata.
Él lo tomó, un poco tembloroso. Lo miró, lo tomó firme entre sus manos.
Él: Oh, aún lo tenías.
Ella: ¡Claro que sí! -dijo esbozando esa misma sonrisa-.
Se volvieron a mirar. Diciéndose tantas cosas que hasta el día de hoy, sigo sin entender.
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