-Si tuvieras que pedir un deseo, ¿qué pedirías?
-Pediría ser feliz
-¿Acaso no lo eres?
-Siento que jamás en la vida podré ser feliz, siento que cada minuto de mi vida transcurre lento en los peores días de mi vida, siento que cuando alcanzo el éxtasis de la felicidad siempre llega algo y lo arruina, siento que soy y seré como esas personas eternamente tristes, que quizá soy una especie de pañuelo de lágrimas para los demás, siento que no soy una persona, siento que soy un ente errante que vaga por la vida desparramando felicidad a los demás como los payasos y que en el fondo de su alma esconde la tristeza más profunda que cualquier ser humano puede sentir.
-¿Por qué dices todas esas cosas?
-Si me conocieras realmente, no me harías esa pregunta. En fin, estoy acostumbrada a que la gente no me conozca y es mejor así, es mejor que ser un libro abierto. De hecho antes lo era, pero me aburrí de que me lean.
lunes, 30 de junio de 2014
martes, 24 de junio de 2014
Ese
día tomé el autobús que iba hacia el norte. Fue un impulso poco común
en mí, pero lo tomé con calma, a pesar que era tarde y que yo vivía
hacia el sur. Era un día de verano, un poco extraño ya que yo andaba con
mi casaca de invierno y mis botas de lluvia y todo parecía normal,
incluso las demás personas con polera y short. Fue el recorrido más
extraño que he vivido, me sentía cómoda en mi asiento,
de esos viajes que no quieres bajar nunca por estar tan caliente y
cómodo en ese bus. Comenzaron a subir caras conocidas, todos
provenientes de sus vacaciones y de retorno a sus hogares, nos miramos,
sin saludar.. como siempre lo hago con las personas que no veo hace
mucho, no se si será miedo, tal vez a que no me contesten el saludo.
Miré por la ventana y me di cuenta que había llegado a mi destino, pero no era mi hogar. Sentía la impetuosa necesidad de bajarme y caminar, y así lo hice. Me puse mi mochila y me fui.
Comencé a recorrer las calles, en dirección hacia el lago. Me encontré con una Señora alta, rubia, corpulenta, con los labios rojos y gruesos, sostenía un papel en sus manos y me dice:
"¡Hijaa! ¿dónde puedo hacer este trámite? le contesté dónde tenía que ir y con quien hablar, ella me miró muy agradecida: "Graciaaas hijaaa, muchas graaaacias" y se alejó.
Iba por la esquina justo por una farmacia, cuando me choqué con dos sujetos, uno era muy alto con sombrero, barba muy larga y ropas sucias, el otro tipo era más bajo, de contextura gruesa y una barba de varios días; me miraron y pedí disculpas, aún así me siguieron los pasos un par de cuadras. No corrí, pero sí mi corazón latió rápidamente varios minutos. Al fin miré hacia atrás, no había nadie.
Seguí bajando. Aún no llegaba a los puntos claves que me habías enseñado.
Llegué a un lugar que no conocía, todo era extraño, distinto, o tal vez era mi percepción de haber visitado ese lugar con un sol radiante, y ahora lo estaba viendo con nubes oscuras, grises con ganas de llover. Ese lugar a pesar de ser nuevo y raro para mí, era increíblemente hermoso, su césped era tan tierno y muy verde para la época, que contrastaba perfecto con el gris del cielo y los pinos altos e imponentes.
Continué caminando, creo que mi objetivo era llegar al lago, necesitaba ver las aguas, pero no sabía porqué. Llegué a un lugar tenebroso, sin límites, que mi corazón comenzó a acelerarse otra vez, no podía distinguir el suelo del cielo y de tanto correr por poco caigo al vacío. Entonces vi a mis pies un enorme acantilado, en cuyo fondo estaba el lago, me sentía tan libre, el viento enredaba mi pelo, pero no me importaba, sólo cerraba los ojos y sentía como una y otra vez el viento acariciaba mi cara.
Observé bien el lago y algo no andaba bien. Su color era verde, hasta podría decir que cambiaba de color hacia el café. No era el cielo que se reflejaba, su color era verde-café.
Retrocedí y traté de volver por el camino que me enseñaste. Al regresar debía ver los pinos altos y su césped verde, el pozo y la cerca. Me aprendí ese orden y pensé que sería fácil salir de allí, pero olvidé que tenía que subir una cuesta, que se me dificultaba más subiendo con las botas, en cualquier momento juré que rodaría abajo.
Cada vez el terreno se iba haciendo más plano, hasta que vi los pinos, esta vez se movían de un lado a otro por el fuerte viento que se había formado. Entonces continué, pero ahora corriendo. Por mi cabeza pasaban tantas cosas, que hasta me hice la idea de estar arrancando. Seguía pensando en ti, y no se porqué lo hacía, tal vez porque con el solo hecho de pensarte me das paz.. y seguridad, volví a correr y a lo lejos divisé el pozo, oscuro, entre árboles, intacto desde la última vez que lo vi y me acerqué, ahora a paso lento. Entonces apareció junto a mi lado una anciana, con su pelo cano y un gorro de lana, desgastado por el tiempo, me miró con sus grandes ojos brillantes y me ofreció un pan, a mi parecer el pan más grande que había visto hasta ese momento, lo tomé con ambas manos, estaba tibio aún. La anciana esbozó una sonrisa en su cara y se alejó. Examiné bien ese pan gigante y tenía queso derretido, mi favorito, volteé a mirar la anciana para darle las gracias, para mi desgracia, no había nadie.
Ese pan tenía un sabor exquisito, y cómo apenas cabía en mis manos, traté de comerlo y reducir su tamaño. Caminé lento sin darme cuenta que había llegado a la cerca, alta de color negro brillante, hubiera dicho que recién la habían pintado.
La abrí y continúe caminando, ahora un poco más rápido ya que oscurecía. Llegué a un lugar que no recordaba, era un pequeño túnel que conectaba a la salida, era oscuro y sucio, pero a mitad de él corrieron tras de mí dos niños, uno andaba en bicicleta sin embargo no iba arriba y la maniobraba con las manos -para subir la cuesta- pensé. El muchacho tenía el pelo negro muy brillante, igual que la cerca, usaba unos lentes, también negros. El otro muchacho más callado, iba junto a él y sólo observaba.
"Hey! danos pan!" me dijo el muchacho de lentes, con risas entre ellos y cuchicheando quizás qué cosa. Aún quedaba mucho pan, lo tomé y lo partí en dos, el trozo más pequeño se lo di al muchacho, él a su vez lo tomó y lo dividió nuevamente para darle el trozo al otro muchacho. Miraban con qué hambre el pan y con la boca llena ambos dijeron "Gracias!!!" y allí quedaron, felices comiendo.
Mientras miraba a ambos niños, mi mente como siempre perdida, pensaba en cualquier cosa menos en el pan, miraba a mi alrededor y no veía a nadie, ya casi anochecía, pero el lugar siempre lo visitaban personas por la temporada, verme sola, con los dos muchachos, ya me daba miedo. Volví a mi mundo y continué, salí del túnel y no podía creer lo que vi, en ese momento los chicos me siguieron y me miraron. Ya no había calles, ni personas caminando, ni automóviles, ni autobuses que me llevaran a casa, todo había cambiado por completo, lo que vi era un enorme lago agitado por las fuerzas del viento que nunca cesó, seguí caminando por inercia, para asegurarme que no me había equivocado, la tierra estaba húmeda, cubierta de moho y temí resbalarme y me sostuve de los muchachos, que aún me miraban extrañados, como si ellos siempre hubieran conocido el lugar.
El escenario era increíblemente aterrador, las mismas aguas agitadas que vi desde el acantilado, ahora estaban a sólo unos metros, el mismo color verde - café se movía de un lado hacia otro, como tratando de intimidarme; de fondo unos pinos altísimos, verde oscuros.. hermosos bañados por las aguas agitadas del lago.
De pronto miré hacia la derecha y una enorme ola venía hacía nosotros como si quisiera abrazarnos, entonces grité "CUIDADOOO!! tómense del cerco!!!" ya que había uno en la orilla, que adornaba la costanera, "Sujétense fuerte!!!" volví a gritar, y el agua nos bañó por completo, llevándose la bicicleta y el muchacho que era más callado. Entonces trate de limpiarme los ojos, miré a mi alrededor y era solo agua verde, asquerosa, densa. Comencé a respirar agitado nuevamente, tan agitado que di un salto en mi cama, eran las 9 con 3 minutos, ya era hora de levantarme, con la idea tormentosa.. de escribir lo que soñé.
Miré por la ventana y me di cuenta que había llegado a mi destino, pero no era mi hogar. Sentía la impetuosa necesidad de bajarme y caminar, y así lo hice. Me puse mi mochila y me fui.
Comencé a recorrer las calles, en dirección hacia el lago. Me encontré con una Señora alta, rubia, corpulenta, con los labios rojos y gruesos, sostenía un papel en sus manos y me dice:
"¡Hijaa! ¿dónde puedo hacer este trámite? le contesté dónde tenía que ir y con quien hablar, ella me miró muy agradecida: "Graciaaas hijaaa, muchas graaaacias" y se alejó.
Iba por la esquina justo por una farmacia, cuando me choqué con dos sujetos, uno era muy alto con sombrero, barba muy larga y ropas sucias, el otro tipo era más bajo, de contextura gruesa y una barba de varios días; me miraron y pedí disculpas, aún así me siguieron los pasos un par de cuadras. No corrí, pero sí mi corazón latió rápidamente varios minutos. Al fin miré hacia atrás, no había nadie.
Seguí bajando. Aún no llegaba a los puntos claves que me habías enseñado.
Llegué a un lugar que no conocía, todo era extraño, distinto, o tal vez era mi percepción de haber visitado ese lugar con un sol radiante, y ahora lo estaba viendo con nubes oscuras, grises con ganas de llover. Ese lugar a pesar de ser nuevo y raro para mí, era increíblemente hermoso, su césped era tan tierno y muy verde para la época, que contrastaba perfecto con el gris del cielo y los pinos altos e imponentes.
Continué caminando, creo que mi objetivo era llegar al lago, necesitaba ver las aguas, pero no sabía porqué. Llegué a un lugar tenebroso, sin límites, que mi corazón comenzó a acelerarse otra vez, no podía distinguir el suelo del cielo y de tanto correr por poco caigo al vacío. Entonces vi a mis pies un enorme acantilado, en cuyo fondo estaba el lago, me sentía tan libre, el viento enredaba mi pelo, pero no me importaba, sólo cerraba los ojos y sentía como una y otra vez el viento acariciaba mi cara.
Observé bien el lago y algo no andaba bien. Su color era verde, hasta podría decir que cambiaba de color hacia el café. No era el cielo que se reflejaba, su color era verde-café.
Retrocedí y traté de volver por el camino que me enseñaste. Al regresar debía ver los pinos altos y su césped verde, el pozo y la cerca. Me aprendí ese orden y pensé que sería fácil salir de allí, pero olvidé que tenía que subir una cuesta, que se me dificultaba más subiendo con las botas, en cualquier momento juré que rodaría abajo.
Cada vez el terreno se iba haciendo más plano, hasta que vi los pinos, esta vez se movían de un lado a otro por el fuerte viento que se había formado. Entonces continué, pero ahora corriendo. Por mi cabeza pasaban tantas cosas, que hasta me hice la idea de estar arrancando. Seguía pensando en ti, y no se porqué lo hacía, tal vez porque con el solo hecho de pensarte me das paz.. y seguridad, volví a correr y a lo lejos divisé el pozo, oscuro, entre árboles, intacto desde la última vez que lo vi y me acerqué, ahora a paso lento. Entonces apareció junto a mi lado una anciana, con su pelo cano y un gorro de lana, desgastado por el tiempo, me miró con sus grandes ojos brillantes y me ofreció un pan, a mi parecer el pan más grande que había visto hasta ese momento, lo tomé con ambas manos, estaba tibio aún. La anciana esbozó una sonrisa en su cara y se alejó. Examiné bien ese pan gigante y tenía queso derretido, mi favorito, volteé a mirar la anciana para darle las gracias, para mi desgracia, no había nadie.
Ese pan tenía un sabor exquisito, y cómo apenas cabía en mis manos, traté de comerlo y reducir su tamaño. Caminé lento sin darme cuenta que había llegado a la cerca, alta de color negro brillante, hubiera dicho que recién la habían pintado.
La abrí y continúe caminando, ahora un poco más rápido ya que oscurecía. Llegué a un lugar que no recordaba, era un pequeño túnel que conectaba a la salida, era oscuro y sucio, pero a mitad de él corrieron tras de mí dos niños, uno andaba en bicicleta sin embargo no iba arriba y la maniobraba con las manos -para subir la cuesta- pensé. El muchacho tenía el pelo negro muy brillante, igual que la cerca, usaba unos lentes, también negros. El otro muchacho más callado, iba junto a él y sólo observaba.
"Hey! danos pan!" me dijo el muchacho de lentes, con risas entre ellos y cuchicheando quizás qué cosa. Aún quedaba mucho pan, lo tomé y lo partí en dos, el trozo más pequeño se lo di al muchacho, él a su vez lo tomó y lo dividió nuevamente para darle el trozo al otro muchacho. Miraban con qué hambre el pan y con la boca llena ambos dijeron "Gracias!!!" y allí quedaron, felices comiendo.
Mientras miraba a ambos niños, mi mente como siempre perdida, pensaba en cualquier cosa menos en el pan, miraba a mi alrededor y no veía a nadie, ya casi anochecía, pero el lugar siempre lo visitaban personas por la temporada, verme sola, con los dos muchachos, ya me daba miedo. Volví a mi mundo y continué, salí del túnel y no podía creer lo que vi, en ese momento los chicos me siguieron y me miraron. Ya no había calles, ni personas caminando, ni automóviles, ni autobuses que me llevaran a casa, todo había cambiado por completo, lo que vi era un enorme lago agitado por las fuerzas del viento que nunca cesó, seguí caminando por inercia, para asegurarme que no me había equivocado, la tierra estaba húmeda, cubierta de moho y temí resbalarme y me sostuve de los muchachos, que aún me miraban extrañados, como si ellos siempre hubieran conocido el lugar.
El escenario era increíblemente aterrador, las mismas aguas agitadas que vi desde el acantilado, ahora estaban a sólo unos metros, el mismo color verde - café se movía de un lado hacia otro, como tratando de intimidarme; de fondo unos pinos altísimos, verde oscuros.. hermosos bañados por las aguas agitadas del lago.
De pronto miré hacia la derecha y una enorme ola venía hacía nosotros como si quisiera abrazarnos, entonces grité "CUIDADOOO!! tómense del cerco!!!" ya que había uno en la orilla, que adornaba la costanera, "Sujétense fuerte!!!" volví a gritar, y el agua nos bañó por completo, llevándose la bicicleta y el muchacho que era más callado. Entonces trate de limpiarme los ojos, miré a mi alrededor y era solo agua verde, asquerosa, densa. Comencé a respirar agitado nuevamente, tan agitado que di un salto en mi cama, eran las 9 con 3 minutos, ya era hora de levantarme, con la idea tormentosa.. de escribir lo que soñé.
Déjame
Déjame teñir tu mundo en escala de grises.
Déjame entrar en tus sueños y susurrarte al oído.
Déjame sacudir tu alegría y contagiar el aire de melancolía.
Déjame salir de tu vida y hagamos que el mundo se caiga a pedazos, que ya nada importa, no importo y jamás importaré, ni en sueños ni es pesadillas, ni en la vida ni en la muerte.
Déjame entrar en tus sueños y susurrarte al oído.
Déjame sacudir tu alegría y contagiar el aire de melancolía.
Déjame salir de tu vida y hagamos que el mundo se caiga a pedazos, que ya nada importa, no importo y jamás importaré, ni en sueños ni es pesadillas, ni en la vida ni en la muerte.
sábado, 21 de junio de 2014
Escribo
Yo no escribo para que me lean. Yo no escribo para que me escriban. Yo no escribo para el resto. Yo no escribo con los dedos. Yo no escribo para recibir respuestas. Yo escribo porque soy egoísta. Escribo por y para mí. Escribo porque quiero y no porque me lo pidas. Escribo pensando en seguir escribiendo, aunque sé que llegará el día en que esta historia termine trágicamente.
Bienvenido invierno, te he esperado con el mismo anhelo de todos los años, con las mismas manos frías, con el mismo corazón en llamas. Sé que te escondiste en otoño, pero tu camuflaje no sirvió y te vi, avanzando lento hasta hoy. Y llegaste como siempre, con la misma lluvia cálida del amanecer gris, con la misma fuerza natural de tu viento cariñoso. Bienvenido, ahora.. que tus gotas me abracen hasta septiembre :)
lunes, 2 de junio de 2014
Me enamoro
Me enamoro tan fácil, tan fácil como respirar. Me enamoro de las letras, de los libros, de las cartas. Me enamoro de la música, de las canciones, de la melodía. Me enamoro del arte, de los dibujos, de la ilustración más fea que exista en el mundo, sin forma definida ni pintada a colores. Me enamoro de la soledad en mi cuarto, del silencio, de los gritos que se escuchan en mi cabeza. Me enamoro de tus ojos que reflejan mi maldad, de eso me enamoro.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)