Ese
día tomé el autobús que iba hacia el norte. Fue un impulso poco común
en mí, pero lo tomé con calma, a pesar que era tarde y que yo vivía
hacia el sur. Era un día de verano, un poco extraño ya que yo andaba con
mi casaca de invierno y mis botas de lluvia y todo parecía normal,
incluso las demás personas con polera y short. Fue el recorrido más
extraño que he vivido, me sentía cómoda en mi asiento,
de esos viajes que no quieres bajar nunca por estar tan caliente y
cómodo en ese bus. Comenzaron a subir caras conocidas, todos
provenientes de sus vacaciones y de retorno a sus hogares, nos miramos,
sin saludar.. como siempre lo hago con las personas que no veo hace
mucho, no se si será miedo, tal vez a que no me contesten el saludo.
Miré por la ventana y me di cuenta que había llegado a mi destino, pero
no era mi hogar. Sentía la impetuosa necesidad de bajarme y caminar, y
así lo hice. Me puse mi mochila y me fui.
Comencé a recorrer las
calles, en dirección hacia el lago. Me encontré con una Señora alta,
rubia, corpulenta, con los labios rojos y gruesos, sostenía un papel en
sus manos y me dice:
"¡Hijaa! ¿dónde puedo hacer este trámite? le
contesté dónde tenía que ir y con quien hablar, ella me miró muy
agradecida: "Graciaaas hijaaa, muchas graaaacias" y se alejó.
Iba
por la esquina justo por una farmacia, cuando me choqué con dos sujetos,
uno era muy alto con sombrero, barba muy larga y ropas sucias, el otro
tipo era más bajo, de contextura gruesa y una barba de varios días; me
miraron y pedí disculpas, aún así me siguieron los pasos un par de
cuadras. No corrí, pero sí mi corazón latió rápidamente varios minutos.
Al fin miré hacia atrás, no había nadie.
Seguí bajando. Aún no llegaba a los puntos claves que me habías enseñado.
Llegué a un lugar que no conocía, todo era extraño, distinto, o tal vez
era mi percepción de haber visitado ese lugar con un sol radiante, y
ahora lo estaba viendo con nubes oscuras, grises con ganas de llover.
Ese lugar a pesar de ser nuevo y raro para mí, era increíblemente
hermoso, su césped era tan tierno y muy verde para la época, que
contrastaba perfecto con el gris del cielo y los pinos altos e
imponentes.
Continué caminando, creo que mi objetivo era llegar al
lago, necesitaba ver las aguas, pero no sabía porqué. Llegué a un lugar
tenebroso, sin límites, que mi corazón comenzó a acelerarse otra vez, no
podía distinguir el suelo del cielo y de tanto correr por poco caigo al
vacío. Entonces vi a mis pies un enorme acantilado, en cuyo fondo
estaba el lago, me sentía tan libre, el viento enredaba mi pelo, pero no
me importaba, sólo cerraba los ojos y sentía como una y otra vez el
viento acariciaba mi cara.
Observé bien el lago y algo no andaba
bien. Su color era verde, hasta podría decir que cambiaba de color hacia
el café. No era el cielo que se reflejaba, su color era verde-café.
Retrocedí y traté de volver por el camino que me enseñaste. Al regresar
debía ver los pinos altos y su césped verde, el pozo y la cerca. Me
aprendí ese orden y pensé que sería fácil salir de allí, pero olvidé que
tenía que subir una cuesta, que se me dificultaba más subiendo con las
botas, en cualquier momento juré que rodaría abajo.
Cada vez el
terreno se iba haciendo más plano, hasta que vi los pinos, esta vez se
movían de un lado a otro por el fuerte viento que se había formado.
Entonces continué, pero ahora corriendo. Por mi cabeza pasaban tantas
cosas, que hasta me hice la idea de estar arrancando. Seguía pensando en
ti, y no se porqué lo hacía, tal vez porque con el solo hecho de
pensarte me das paz.. y seguridad, volví a correr y a lo lejos divisé el
pozo, oscuro, entre árboles, intacto desde la última vez que lo vi y me
acerqué, ahora a paso lento. Entonces apareció junto a mi lado una
anciana, con su pelo cano y un gorro de lana, desgastado por el tiempo,
me miró con sus grandes ojos brillantes y me ofreció un pan, a mi
parecer el pan más grande que había visto hasta ese momento, lo tomé con
ambas manos, estaba tibio aún. La anciana esbozó una sonrisa en su cara
y se alejó. Examiné bien ese pan gigante y tenía queso derretido, mi
favorito, volteé a mirar la anciana para darle las gracias, para mi
desgracia, no había nadie.
Ese pan tenía un sabor exquisito, y cómo
apenas cabía en mis manos, traté de comerlo y reducir su tamaño. Caminé
lento sin darme cuenta que había llegado a la cerca, alta de color negro
brillante, hubiera dicho que recién la habían pintado.
La abrí y
continúe caminando, ahora un poco más rápido ya que oscurecía. Llegué a
un lugar que no recordaba, era un pequeño túnel que conectaba a la
salida, era oscuro y sucio, pero a mitad de él corrieron tras de mí dos
niños, uno andaba en bicicleta sin embargo no iba arriba y la maniobraba
con las manos -para subir la cuesta- pensé. El muchacho tenía el pelo
negro muy brillante, igual que la cerca, usaba unos lentes, también
negros. El otro muchacho más callado, iba junto a él y sólo observaba.
"Hey! danos pan!" me dijo el muchacho de lentes, con risas entre ellos y
cuchicheando quizás qué cosa. Aún quedaba mucho pan, lo tomé y lo partí
en dos, el trozo más pequeño se lo di al muchacho, él a su vez lo tomó y
lo dividió nuevamente para darle el trozo al otro muchacho. Miraban con
qué hambre el pan y con la boca llena ambos dijeron "Gracias!!!" y allí
quedaron, felices comiendo.
Mientras miraba a ambos niños, mi mente
como siempre perdida, pensaba en cualquier cosa menos en el pan, miraba
a mi alrededor y no veía a nadie, ya casi anochecía, pero el lugar
siempre lo visitaban personas por la temporada, verme sola, con los dos
muchachos, ya me daba miedo. Volví a mi mundo y continué, salí del túnel
y no podía creer lo que vi, en ese momento los chicos me siguieron y me
miraron. Ya no había calles, ni personas caminando, ni automóviles, ni
autobuses que me llevaran a casa, todo había cambiado por completo, lo
que vi era un enorme lago agitado por las fuerzas del viento que nunca
cesó, seguí caminando por inercia, para asegurarme que no me había
equivocado, la tierra estaba húmeda, cubierta de moho y temí resbalarme y
me sostuve de los muchachos, que aún me miraban extrañados, como si
ellos siempre hubieran conocido el lugar.
El escenario era
increíblemente aterrador, las mismas aguas agitadas que vi desde el
acantilado, ahora estaban a sólo unos metros, el mismo color verde -
café se movía de un lado hacia otro, como tratando de intimidarme; de
fondo unos pinos altísimos, verde oscuros.. hermosos bañados por las
aguas agitadas del lago.
De pronto miré hacia la derecha y una
enorme ola venía hacía nosotros como si quisiera abrazarnos, entonces
grité "CUIDADOOO!! tómense del cerco!!!" ya que había uno en la orilla,
que adornaba la costanera, "Sujétense fuerte!!!" volví a gritar, y el
agua nos bañó por completo, llevándose la bicicleta y el muchacho que
era más callado. Entonces trate de limpiarme los ojos, miré a mi
alrededor y era solo agua verde, asquerosa, densa. Comencé a respirar
agitado nuevamente, tan agitado que di un salto en mi cama, eran las 9
con 3 minutos, ya era hora de levantarme, con la idea tormentosa.. de
escribir lo que soñé.
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